Con tus ojos

Esta es la historia de Nit. He pensado muchas veces en cómo contarla, y lo voy a hacer como creo que ella la ha vivido.
Estoy sintiendo, estoy viva. Debo estar acompañada, estoy calentita y apretada. Parece que estoy en una barriga, nos movemos…. Aquí dentro hay paz.
Aumenta la presión, no sé por qué se aprieta todo. De repente, hay más espacio aquí dentro. Vuelvo a sentir presión, esta vez más intensa, me muevo, paso por un espacio pequeñito, todo el cuerpo se me contrae y después de un momento, siento claridad. Unos dientes rompen mi bolsita, donde he vivido 8 semanas. Siento una lengua áspera que se esmera en hacerme respirar y latir, debe ser mi mami. Somos gatos. Cuando estoy limpita me acerca a su barriga, ahí está mi hermano también. El ambiente es fresco, somos gatos callejeros. Comenzamos a vivir.

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Han pasado los días, otros bebés nacieron y algunos de ellos murieron. Algunos eran muy bonitos y los humanos se los llevaron, espero que estén felizmente adoptados. Mis tías, mi mami y yo seguimos aquí. Somos todas negras. Ellas siempre salen a buscar comida y yo sólo pienso en que no las pille un coche y vuelvan a mi lado. Hay algunos humanos buenos que nos traen comida. Huele súper bien pero mamá no me deja acercarme para que no me hagan daño, me dice que no debo confiar en ellos, pero ¿cómo me van a hacer daño los que traen esa comida tan buena? Un día decido acercarme y por primera vez descubro lo que es una caricia, es suave, cálida, la humana que me acaricia está súper emocionada, lamenta no poder hacer nada más que darnos latitas. En este pueblo, nadie se encarga legalmente de nosotros, los callejeros.
Después de unos meses soy una gatita joven pero adulta, el frío del invierno me ha hecho enfermar, tengo mocos e incluso fiebre, siento mi cuerpo diferente y mi olor. Otros gatos vienen a nuestro jardín. Entran, me dan miedo, intento escapar pero ya he visto a una de mis tías morir aplastada por un coche al intentar escapar de ellos. Siento un mordisco intenso en la cruz, estoy inmóvil, se sube a mi espalda y después se va. Unos días después nacen mis bebés, no sé qué hacer, pero mi madre y mis tías me acompañan, hay más bebés, todos convivimos.
Llegan las tormentas y todos nuestros cachorros mueren por las riadas. Vuelven los gatos, los partos, la desaparición de cachorros, el frío, los resfriados,… y sólo nos reconforta saber que cada día varios humanos se preocupan porque, al menos, no tengamos que salir a la carretera para buscar comida. Yo les doy las gracias restregando mi cuerpecito entre sus piernas y pidiéndoles mimos cada vez que los veo.

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Han pasado casi dos años, parece que debo sentirme afortunada, los gatos de la calle no suelen vivir mucho. Una tarde aparecen tres chicas con una de las humanas que me alimenta (después me explicaron que eran de El Jardinet del Gats y de Kan Chispis y que querían esterilizarnos para que no pariésemos más). Su sorpresa fue ver que mis bebés estaban en el jardín jugando, después de dos intentos consiguieron llevárselos, otra vez me quitaban a mis hijos (unas semanas después escuché que los había adoptado una familia, vivían juntos y les llamaban Arco y Flecha… me alegré por ellos).

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Mi sorpresa fue ver que al cabo de los días volvían, se llevaron a mis dos tías y las devolvieron sin pulgas, recuperadas de los resfriados y diarreas que tenían cuando las cogieron. Finalmente, un día apareció Rosa (una de las humanas que nos alimentaba), con Cris. Rosa, que es Turca, me cogió en brazos y Cris puso un transportín Rosa con una mantita. Allí me acomodé. Me llamaron Gulhan, Rosa en Turco, en honor a mi rescatadora. Me llevaron a esterilizar y después al Jardinet, un montón de humanos venían a verme cada día y yo me deshacía en caricias y mimos. Así me gané sus corazones y todos pidieron a la Coordinadora que me dejara quedarme, resultó que soy positiva en inmunodeficiencia y por lo que contaban, en la calle duraría poco, me habían quitado algunas piezas de la boca y era muy difícil que me adoptaran, pero me ocupé de que todos se enamoraran de mí. Me abrieron el box para que saliese al jardinet, con mi nueva familia gatuna, pero yo estaba empecinada en que me adoptasen y cada noche volvía a mi box a comer y dormir.

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Un sábado apareció Francesca, nunca lo olvidaré. Era una Señora mayor, nos enamoramos mutuamente, ella tenía miedo de no vivir lo suficiente como para adoptarme y cuidarme toda mi vida, pero a la semana siguiente volvió y me fui con ella a lo que significaba dejar de ser una gata callejera, le robé la butaca y ella se sienta ahora en una silla, duermo con ella cada noche, me cuida, alimenta y mima como siempre soñé, bajo un techo en el que no sufrir frío y el ataque de los humanos malos. La vida que me gané.
Ahora soy feliz, ella es mi Francesca, y tal y como ella dice, yo soy “la seva Nit”.

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Una respuesta to “Con tus ojos”

  1. Me alegro tanto de tu final feliz, Nit! A disfrutar a partir de ahora!
    :,-)

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