Darles una nueva vida.

Hace algo más de dos años soy la orgullosa adoptante de dos soles: Mulder y Scully. Dos preciosos gatetes que fueron rescatados en no muy buenas condiciones de un huerto cerca de Igualada. Fui a conocerles a una casa de acogida donde una encantadora familia les había dado hogar y les había estado cuidando con amor y dedicación. Fue un auténtico flechazo. Unos días más tarde ya tenía a Mulder y Scully en casa… junto con un montón de cosas y caprichos que había comprado para que no les faltara de nada.

Todo el proceso de adopción me enseñó mucho. Me descubrió un mundo al cual había hecho ojos ciegos hasta ese momento: el tema de los animales abandonados, perdidos, salvajes porque no han conocido nada mejor… Pensé en los sigilosos moradores de nuestras ciudades y nuestros pueblos que viven al margen del hombre… o lo intentan. Pensé en los pobres animales que malviven comiendo lo que pueden, vulnerables a las inclemencias del tiempo, a atropellos o a malnacidos. Merecen una vida mejor, podemos darles una vida mejor.

También pensé agradecida en la familia que había cuidado de Mulder y Scully hasta que el destino nos llevó a conocerles. Pensé en la protectora que los rescató y que facilitó la adopción y supe que tenía que hacer algo, contribuir de alguna forma a la cadena. Aportar y ayudar a otros gatos y a otros futuros adoptantes responsables. Poner mi granito de arena para dar una nueva vida a esos pobres gatos que acaban solos y asustados en nuestras calles y parques.

Así, decidimos hacernos casa de acogida. Ayudamos al Jardinet proporcionando un hogar temporal a los gatitos que rescatan. Pero no sólo les damos un techo. Los gatos acogidos no sólo necesitan ver sus necesidades vitales cubiertas (comida, agua, arena limpia, cama…) también necesitan seguridad, calor humano, cariño y amor y de eso en nuestra casa hay para todos. A veces a Mulder y Scully les cuesta aceptar al nuevo compañero, pero con paciencia y dosis extra de premios y caricias se acaban haciendo amigos. Al fin y al cabo, ellos saben que también estuvieron acogidos una temporada hasta encontrar su hogar definitivo y seguro que recuerdan a su familia de acogida con tanto cariño y agradecimiento como lo hago yo ahora.

Para no alargarme mucho, en alguna otra ocasión os contaré cositas de mi experiencia con los gatos que pasen por nuestra casa. Espero que esta pequeña historia os haga también pensar en cómo vosotros podéis colaborar. No es difícil, no hace falta tener mucho tiempo ni mucho dinero. Cada uno aporta lo que puede y la suma de lo que todos hacemos es lo que marca la diferencia en las vidas de tantos y tantos gatos. Simplemente pregúntate: ¿Qué puedes hacer tú para ayudarles? Darles una nueva vida está también en tu mano.IMG_3756.JPG

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