Soy casa de acogida de un gato senior del Jardinet dels Gats y tengo algo de contarte.

Igual mi historia no te engancha. Es una más de “chica conoce a gato y le hace un hueco en su casa”. Pero tal vez eso, su sencillez, logra transmitirte lo que quiero.

Viajemos unos meses atrás. Septiembre de 2017. Mi nombre es Leyre, tengo 26 años y aunque nací en Navarra, hace más de dos años, que vivo en Barcelona. Tal vez mis aficiones y gustos sean muy diferente a los tuyos pero estoy segura de que tú y yo tenemos algo en común: la pasión por los animales, más concretamente, por los gatos.

Dada mi situación (joven, compartiendo piso, ingresos bajos y un futuro laboral y personal un tanto desconcertante) la idea de adoptar un felino de forma definitivo quedaba descartada muy a mi pesar. Aún así, no me di por vencida y busqué nuevas opciones para poder disfrutar de un animal de compañía.

El día que descubrí el Jardinet

En mi búsqueda, tope con el Jardinet dels Gats y su método de casas de acogida. Una opción que encajaba a la perfección con mis limitaciones. No sabía que iba a hacer de ahí a cinco años y el hecho de saber que los gastos veterinarios corrían a cuenta de la protectora me daba mucha tranquilidad ya que es algo que yo no puedo permitirme. Hablé con mis compañeros de piso y me apoyaron en este nuevo proyecto. Con ello, me planté en la asociación con las ideas claras: quería ser casa de acogida de un felino senior y cariñoso. “¿Pero, por qué lo quieres viejo?” No te haces una idea de cuánta gente de mi entorno me lo preguntó.

Lo primero que me venía a la cabeza era “¿Y por qué no?” Pero sentía que esa respuesta no les haría entender mi verdadera motivación para hacerlo así que cambié el discurso: “Un gato mayor ya está educado, necesita más cariño, y sobretodo, se lo merece. Al igual que tú cuando seas anciano. ¿Acaso necesitas más explicaciones?”

Un flechazo inmediato

Nada más hablar con Victoria sobre lo que andaba buscando, salió su nombre: Mishu. Abandonado a los 15 años, necesitaba una casa de acogida indefinida que le diera todo el amor que le habían privado durante el tiempo que le quedaba. Obviamente nadie iba a querer adoptarlo pero yo estaba encantada de que él fuera para mi. O yo para él, según se mire.

Firmé ipso facto y al día siguiente fuí a recogerlo. Me sentía tan afortunada de poder ser yo su casa. Durante los meses siguientes se adaptó a la perfección a mi casa, nunca intentó huir pese a tener libre acceso a la terraza, ronroneaba nada más acariciarlo y ha sido un auténtico malcriado por mi parte.

Hace unos días le noté raro y lo llevé al veterinario. El diagnóstico no fue bueno. Mishu tiene un tumor en el estómago y probablemnte este será su último verano. No te voy a mentir, lloré como una niña pequeña sin consuelo. Por mucho que oficialemente yo sea casa de acogida, para mi, desde que llegó a mi vida, era MI GATO.

Ahora, con su enfermedad, siendo más consciente que nunca de que tarde o temprano llegará el día, siento que tomé la mejor decisión del mundo. Mejor dicho: las mejores dos decisiones. La primera fue convertirme en casa de acogida y, la segunda, que el elegido fuera un gato senior. En serio, hasta que no lo haces, no te das cuenta del cariño que te pueden llegar a dar. Y cuando me dicen aquello de “bueno, ahora que ves lo mal que se pasa no pensarás tener otro, ¿no?”, contesto con más fuerza que nunca: “Si tu argumento es el miedo a sufrir una pérdida, no tengas hijos, no tengas amigos, no sientas cariño por nadie… Así que sí, volveré hacerlo.”

Quédate con esto…

Por desgracia hay cientos de gatos como Mishu. Con sus años, sus enfermedades, sus malformaciones. Pero sobre todo, con sus necesidades. Y si yo tengo los medios para ayudar, lo seguiré haciendo.

Puede que cuando leas estas líneas Mishu ya no esté apoyado en mi brazo buscando mi mano para que lo acaricie, pero te aseguro que lo vivido con él es de las cosas más bonitas que he hecho nunca. No sé, piénsatelo.

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Una respuesta to “Soy casa de acogida de un gato senior del Jardinet dels Gats y tengo algo de contarte.”

  1. Yo hice lo mismo. Lo cogí con 12 años, abandonado Ahora tiene 18 y su diagnóstico tampoco es bueno, tumor en el hígado. La sombra del temido día también está ahí. Pero si volviera a nacer lo repetiría mil veces.

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